martes, 4 de noviembre de 2014

Más y más tiempo. Una dura batalla.

No soy muy ducho con las palabras, aun que intentaré explicarme lo mejor posible.


Nos prometimos no celebrar los “mesniversarios” aun que no lo hemos cumplido ni una sola vez.
Cada día 4 de cada mes nos felicitamos, una carrera a ver quien es el primero en hacerlo, incluso ya felicitándonos en el propio día 3 antes de las 12 de la noche.

Creo que lo hacemos porque para el resto de las personas simplemente es “un mes más a su lado”, y yo creo, que para nosotros es “un mes más a su lado en el cual volvemos a vencer la distancia y volvemos a ganar al juego de la vida y sus contratiempos”.

Este mes ha sido duro: he estado operado y, por la distancia, ella no pudo estar a mi lado en ese momento. Además, la universidad, como a la mayoría de las personas, pone una serie de trabas que ya complican un poco las relaciones por falta de tiempo y estrés y más cuando estás a nosecuantos kilómetros de distancia. Todo ello ha formado una pelota de incompatibilidades con las que hemos tenido que convivir… hasta que hizo su magia.

Me encontraba en el coche, primera vez que lo cogía después de la operación, y estaba esperando a mi hermano a que llegara de clase. 
Daba el sol y me molestaba el calor, calor extraño para ser otoño. En la radio sonaba una canción que jamás había escuchado en mi emisora de radio favorita. Me notaba un poco extraño ya que la herida de la operación no me dejaba estar a gusto completamente.  
Veo que llega el tren y me sumerjo en unos pensamientos rancios los cuales, junto con el calor me adormecen… y de repente… llaman a la ventanilla del coche.  
Me giro, con cara de asco (esa cara cuando te sacan de tu mundo a la fuerza) pensando que era mi hermano que ya había llegado y veo que está aquí, que se ha vuelto loca y que ha venido a verme.  
Sin palabras, me doy cuenta de que está pasando y me bajo del coche. Al salir por la puerta estaba delante de mi y no paré ni tan solo un respiro en abrazarla.  
Ahora lo entendía todo, todas las preguntas por parte de mi familia acerca de comidas, el porqué habíamos preparado la habitación de invitados, el porque estaba tan distante esta mañana… todas esa preguntas solo tenían una respuesta, ella había venido a verme.  
Se había recorrido los nosecuantos kilómetros en tren, sin decirme nada para darme una sorpresa, la que posiblemente sea la mejor sorpresa de mi vida.


Y es por esto por lo que, cada día que pasa, le doy las gracias.

Gracias por quererme, por soportarme, por ayudarme cuando más lo necesito, por ser ese hombro que está siempre ahí, por sacarme la mejores de mi sonrisas y los rojos de mis mofletes, gracias por deleitarme con los mejores sueños donde poder placer tranquilamente a tu lado, sin más que tus cabellos haciéndome cosquillas en la nariz, tus ojos tranquilizándome por dentro y tus labios excitándome por fuera.


Gracias…

Por hacerme feliz.


Te amo.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Dos años y medio


Hola queridos lectores,

Hacía mucho que no pasaba por aquí, ya que el tiempo no es que nos deje un respiro precisamente. 
Pero hoy es un día especial. Al menos a mí me parece una fecha especial, digna de ser recordada.

Casi ni me lo creo, pero sí, según el calendario hoy día cuatro de septiembre hago dos años y medio con el chico de la historia, el amor de mi vida.

Es alucinante, miras atrás y ves cómo empezó todo, el camino recorrido hasta este momento. Es alucinante como el amor puede llegar a poner toda tu vida patas arriba, como sin querer te enamoras tan profundamente de una persona, y tan rápido como te enamoras te das cuenta de que ya llevas dos años y medio a su lado.

Increíble. De verdad que me siento una persona muy afortunada. Me enamoré apenas a los diecisiete años, y hoy dos años y medio después sigo más enamorada que al principio. 

¿Qué como lo hacemos? fácil, supongo que cualquier relación seria debe basarse en la confianza. Para mí él no es sólo el amor de mí vida, claro que no, es mucho más. Es la persona que me sostiene, que me da fuerzas cuando decaigo, mi alegría, mi tristeza, es mi amigo, mi compañero, la persona en la que confío, la que guarda mis secretos, la que me escucha, es mi amante, mi debilidad, yo soy el ying y el es el yang. Somos dos personas con un mismo corazón. 

No sé realmente como llegamos a este punto. Pero estoy feliz de que él fuera esa persona que supiera mirar detrás del muro que todos construimos, estoy feliz de poder ser yo, un yo que nunca nadie había sacado antes de que él diera un giro a mi vida.

Supongo que quienes leáis esto pensaréis que estoy demasiado ñoña, y quizá sea verdad, pero no encuentro una forma más bonita de vomitar arcoíris que el amor.

Cariño, supongo que una carta en blog no es demasiado, pero espero que sepas leer entre líneas lo mucho que has calado en mí. Te quiero, te amo...Y no encuentro una forma más bonita de agradecerte todo lo que me has dado en este tiempo, y lo que aun nos queda por dar. 

Te quiero mi vida, espero que estos dos años y medio se conviertan en muchos más.

Gracias por hacerme feliz cada día.
Te amo.
Queridos lectores, gracias por leer.

lunes, 21 de abril de 2014

Capítulo 23: ''Un adiós muy amargo''


El lunes por la mañana habíamos quedado en mi casa, como siempre venía muy temprano en cuanto mis padres se marchaban al trabajo, y se iba justo para que no nos pillaran. Nos lo pasábamos bien, a pesar de todo, estar con el me reconfortaba, cualquier tontería me alegraba el día, el alegraba mis días, todo de él me gustaba, me llamaba la atención, me enamoraba.

Se iban por la tarde noche, así que como pude intenté quedar con las chicas al menos un rato, necesitaba verle, necesitaba despedirme de él, necesitaba estar un poquito más con él. Al final, no se como, Estela se ofreció y nos dijo que podíamos quedar todos en su casa, que les diría a sus padres que ellos eran unos amigos que habíamos conocido en el cumpleaños de Lucía.

Comí, nerviosa como siempre que tenía que verle, me puse guapa para el sin tardar mucho y me fui a casa de estela. Había mucha gente en su casa, sus padres, su hermana, una tia suya, lo que me puso nerviosa, aunque mis nervios se fueron al verlo a él. Saludé a Jaime, y luego a él. Nos sentamos en el sofá del salón de estela y nos quedamos ahí un rato. Luego me puse a bailar, estaba nerviosa y necesitaba relajarme, no podía soportar la idea de que se marchara de nuevo. Queríamos estar aunque fuera unos minutos solos asi que fuimos a una tienda cercana a comprar chucherias para comer, estaba muy guapo, y aunque no me lo dijera lo notaba triste, y yo también lo estaba aunque no quería que se me notara.
No tardamos mucho en regresar a casa de estela, cuando volvimos nos sentamos en un rincón del suelo, cerca de una ventana detrás de los sillones. Me besaba, lo besaba, nos besábamos, me abrazaba, y poco a poco ibamos cayendo en la cuenta de que se tenía que ir. Se iba, y aunque sabíamos que seguramente nos volveríamos a ver pronto, de repente me sentía muy triste.
Triste y vacía, como si me quitaran una parte de mí, cómo si todo lo que habíamos construido en esos cuatro días se desvaneciera, como si el mundo se me cayera encima.

Y...llegó la hora, de despedirnos, de decir adiós, de bajar del cielo y volver a la realidad, lo abracé, lo abracé muy fuerte, como si me negara a dejarlo marchar, pero se tenía que ir. Como pude despedí a Jaime y se fueron. En ese momento, mis ojos maquillados con sombra negra se volvieron un mar de lágrimas que no podía evitar. Sentía un nudo en la garganta, como si me apretara en los pulmones y no me dejara respirar. Se iba, ya se había ido, y esa idea me partía el alma. No sabía porqué lloraba, no quería llorar, pero sentía tal vacío en mí, que no podía evitarlo. Marta me abrazó, me hizo bien, aunque nada que no fueran los brazos de él me reconfortaban.

-Tía, no entiendo porqué te pones así, sólo lo has visto un par de veces, además de que en un mes seguro que volverá a venir- Me dijo estela sin entender lo que me pasaba y entonces lo entendí todo, yo no quería llorar, simplemente me encontraba tan sumamente mal que no podía evitarlo, era la primera vez que lloraba delante de alguien y creedme si os digo que no me gusta la idea de llorar, pero no podía evitarlo, eso fue lo que me ayudó a entenderlo, yo le quería, estaba enamorada de él sin darme cuenta, cosa que estela no podía entender porque no estaba, ni nunca había estado enamorada de alex, tan sólo nos había tomado el pelo a todos, y me había llevado a tomar una de las decisiones más arriesgadas de mi vida, y a la vez lo mejor que me pudo haber pasado.

A los pocos minutos me retoqué el maquillaje y aun con los ojos llorosos salí a la puerta para ver si me daba el aire cuando lo ví venir hacía mí corriendo, él también estaba llorando, ambos sentíamos lo mismo. En ese momento me dio igual el mundo, me daba igual si me veían abrazada a el, con él, si me veían besandole, me dio igual, necesitaba un poquito más de él, lo demás no me importaba.

-No llores, que si no me vas a hacer llorar de nuevo, y no quiero de verdad que no quiero- le dije con los ojos llorosos mientras se me quebraba la voz- te prometo que voy a volver pronto- me dijo al oído mientras nos abrazábamos -esto no es un adiós es un hasta luego- nos besamos, poco después se fue, esta vez de verdad, sin mirar atrás, sabía que si se daba la vuelta y me veía, no podría soportarlo.

lunes, 10 de marzo de 2014

Capítulo 22: ''Hola de nuevo''


Estaba nerviosa, cada vez que venía me ponía nerviosa. Una tía mía se había enterado de nuestra historia, y aunque hasta el día de hoy no ha dicho nada, y nos ha guardado nuestro secreto, aquello me ponia muy nerviosa, no quería que nada saliera mal, temía que algo no saliera como lo habíamos planeado.

Cuando llegó me presentó a jaime su mejor amigo, que resultó que había estado aquí en mi ciudad hacía solo varios años. Esta vez, intenté quedar con las chicas al máximo, ya que era la única forma que tenía de verle, de excusarme para estar con él, aunque a veces un lado de mi cabeza me decía que todo lo que estaba haciendo estaba mal.
Me acompañó al colegio, le enseñé mi casa de una forma más decente que la primera vez, estuvimos juntos un rato hasta que se tuvo que ir, y por la tarde volvimos a quedar para ir a tomar un helado. Marta nos acompañó. Luego nos encontramos con otra amiga mía a la que fuimos a visitar.
Me encantaba estar con él, pero por un lado no podía evitar sentirme más a gusto cuando se iba, ya que la presión que caía sobre mí era demasiado grande. El lo notaba. Veía perfectamente que no le prestaba el 100 por cien de mi atención, pero mantenerme alerta por si alguien nos veía me llevaba mucho tiempo, me enfadaba, me ponía de mal humor y realmente lo sentía mucho por el. Yo solo quería estar bien, sin tener que esconderme de nada, ni de nadie, aunque esto no lo comprendí hasta un tiempo después.

Quedamos un sábado por la noche, recuerdo que fuimos a cenar y luego fuimos a casa de marta a arreglarnos y ponernos guapas. Estela venía aquella noche, aunque como siempre no era la de antes, había cambiado y para mal.
En la discoteca le bailé, intenté evadirme del mundo, y pasar simplemente un rato agradable al lado de él. Por fin conseguí mirarle a los ojos un segundo, no me atreví a mirarlos más, eran los ojos más bonitos que había visto nunca. Y aunque el bailaba mal, en la discoteca me lo pasé genial, me hacía reir, me hacía ser feliz.
Sentía que con él podía ser yo misma, me sentía bien.

El domingo no pudimos vernos, y me sentí fatal por ello, sentía como si los estuviera abandonando en algún lado, aunque el me dijo que estaban en la playa, me partía el corazón que me dijera que quería verme y no poder ir, el domingo no tenía excusa para zafar de mis padres.